Una gata sobre el tejado / Septiembre 11, 1973.

cats-eyesUna gata sobre el tejado (Basado en una historia real))

Durante las horas del toque de queda, camiones militares cubiertos con sucias lonas subían por mi calle Carlos Condell. Alguno de ellos eran parte de un equipo clandestino de limpieza. Sacaban los cuerpos y lavaban las calles ensangrentadas. Por la mañana todo estaba limpio como si nada hubiese sucedido la noche anterior. A dos cuadras de mi casa, separado por las vías del ferrocarril se encontraba el Grupo de Instrucción de Carabineros; un cuartel y escuela de policía en la Avenida Matta. Todas las noches desde la Avenida Pedro de Valdivia, como a una cuadra de mi casa, un tirador solitario salía de la oscuridad a disparar sus armas de pequeño calibre hacia el cuartel. Yo, atrincherado en el techo de mi antigua casa, me imaginaba que era un gato negro, ligero e inteligente, saltando con sigilo para cruzar los techos con mucho estilo, como el gato de la revista Batman. Siempre pensé que el felino suicida no estaba disparando, sino más bien gatillando una especie de declaración anti-golpista. Incluso aquel gato pudo haber sido ella, ¡una gata! Yo quería alcanzarla para ayudarle a recargar el tambor de su fierro, pero tenía miedo. David contra Goliat. Ella estaba loca, yo también pero de miedo. Nunca supe si la tiradora solitaria fue capaz de darle a su objetivo, pero la mañana siguiente revelaba su notable presencia con los muchos agujeros de bala en las paredes de toda el área. Yo los inspeccionaba con una sarcástica sonrisa. El tiroteo se prolongó durante varias noches, durante las cuales nunca vi ni escuché los tenebrosos camiones militares de limpieza cubiertos con sucias lonas: llegué a la conclusión que que mi gata aún vivía. Al final los valientes policías se decidieron bajar y poner luces de kermés en los techos de las casas de la esquina. La misma esquina donde pasé grandes momentos de mi juventud escuchando música gringa, bebiendo cebada fermentada y fumando todo tipo de hierbas. La esquina ahora parecía un carnaval triste con infelices vecinos durmiendo en el suelo y pagando una cuota extra de electricidad. ¿Y mi gata sobre el tejado? ¿Se habría aburrido o habría muerto? … ¿Pero qué tanto? Después de todo los gatos tienen siete vidas, ¿que no?

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(Del libro de Fernando A. Torres Paseos por la memoria del olvido)

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