Puerto Rico el país invisible

Puerto-Rico-flagEl Comité se hace consciente de la inefectividad de los plebiscitos que se originen en los EEUU y también del principio de que toda solución que surja para la cuestión de Puerto Rico deberá originarse en Puerto Rico y por los puertorriqueños. No existe ninguna resolución en el sistema multilateral de la Organización de las Naciones Unidas que mencione y le exija a EEUU a actuar en nada, más aun en lo referente a Puerto Rico. La condición de subordinación política no permite que Puerto Rico tome decisiones soberanas para lidiar con sus problemas económicos y sociales. Julio 6, 2014. Julio A. Ortiz. El Post Antillano Revistas Dominical  Agenda Caribeña

Puerto Rico el país invisible

Puerto Rico y la ONU en el 2014: Comentarios de coyuntura

El pasado 23 de junio de 2014 el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas aprobó, después de semanas de negociaciones, su trigésimas tercera resolución sobre la cuestión de Puerto Rico. Valga apuntar que la cantidad de resoluciones aprobadas en cuatro décadas ha sido posible gracias al tesón del independentismo puertorriqueño y a las fuerzas profundas que desde el siglo XIX han guiado la diplomacia popular que ha trabajado por la soberanía. La hegemonía global no descansa, y la diplomacia histórica puertorriqueña tampoco lo ha hecho. Sin embargo, el desencadenante del lenguaje de esta resolución ha sido sin duda el nuevo comportamiento de los países de America Latina y el Caribe que han tomado como suyas múltiples causas globales, entre ellas un activismo creciente en temas de derechos humanos, responsabilidad de proteger al más débil y la descolonización.

La coyuntura hemisférica y regional actual hizo posible una resolución mas frontal contra la inacción de Washington después de cuatro plebiscitos y una crisis financiera y productiva que amenaza la viabilidad misma del Estado Libre Asociado. Digo frontal porque no existe ninguna resolución en el sistema multilateral de la Organización de las Naciones Unidas (NNUU) que mencione y le exija a EEUU a actuar en nada, más aun en lo referente a Puerto Rico. La resolución del 2014 resulta un triunfo diplomático porque describe de forma fidedigna la encrucijada actual. Entre los nuevos elementos se encuentran: 1) que la condición de subordinación política actual no permite que Puerto Rico tome decisiones soberanas para lidiar con sus problemas económicos y sociales, 2) la mención de que en la legislatura puertorriqueña hay varios proyectos de ley presentados que proponen la pronta celebración de una Asamblea Constituyente para definir el asunto político, 3) el énfasis en la urgencia de que EEUU descargue sus obligaciones para la implementación total de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General y las resoluciones y decisiones del Comité de Descolonización, y por ultimo 4) el Comité se hace conciente de la inefectividad de los plebiscitos que se originen en los EEUU y también del principio de que toda solución que surja para la cuestión de Puerto Rico deberá originarse en Puerto Rico y por los puertorriqueños.

Nótese que las nuevas adiciones a la resolución atienden el trilema existencial actual del aparato político puertorriqueño:  se quiere salir de la crisis económica y financiera sin la voluntad política de San Juan y Washington para resolver el atolladero político, aún cuando existe un consenso de que los plebiscitos no son la solución y que el apoyo lo tiene la celebración de una Asamblea Constituyente. Algunos pensarán que esto es una resolución sin peso real en Puerto Rico o en Washington, pero un somero análisis de la coyuntura hemisférica dejará meridianamente claro que este es un contexto inédito que tiene el potencial de cambiar las relaciones entre Puerto Rico y Washington y con America Latina y el Caribe.
En la actualidad en el escenario hemisférico y global han irrumpido las instituciones regionales como actores políticos, con el objetivo de alterar la identidad de las instituciones multilaterales y sus relaciones de poder, y en ocasiones encausar nuevos modelos de seguridad y gobernabilidad regional en temas sociales, comerciales, políticos y económicos.

La resolución sobre Puerto Rico del Comité de Descolonización es un síntoma de un fenómeno transformador de las relaciones políticas entre estados fuertes y débiles, llamado multipolarismo. El multipolarismo se manifiesta en la perdida de influencia política de EE.UU, aquella que convierte capacidades materiales en resultados deseados.

El hecho de que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)[1], desde un regionalismo estratégico, haya tomado un turno en las vistas del Comité, es un hecho muy importante.  Remite a la decisión histórica de este grupo de suscribir la Declaración de La Habana de 2014, resolución que 33 naciones latinoamericana y caribeñas (muchas de ellas aliadas de Washington en temas comerciales), donde adscribieron la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General como el marco jurídico que va a determinar las acciones a futuro de la CELAC referente al caso borincano. A todas luces, los esfuerzos de Washington de mitigar los efectos políticos de la resolución de La Habana de la CELAC del 2014 y la del Comité de Descolonización esta semana fueron un total fracaso.

Las resoluciones de la CELAC sobre Puerto Rico junto a las del Comité de Descolonización son determinantes en la medida en que la resolución reconoce la subordinación política como una limitación impuesta a los puertorriqueños, de ser el único país en el mundo que tiene la doble tarea de salir de la crisis y de definir su destino político sin ningún poder político para hacerlo.

En la vida real de las 192 nacionalidades del mundo que tienen todos los recursos políticos a su haber para gestionar su prosperidad, Puerto Rico es el “país invisible”. El nuevo activismo de la CELAC en el caso de Puerto Rico en la ONU señala dos grandes victorias diplomáticas: 1) que se abre la puerta para que el tema se discuta y se lleve a votación por el mundo en la Asamblea General mas temprano que tarde y 2) que ya la gente sabe, desde México hasta la Patagonia, que Puerto Rico no es gringo. De ahí que ahora la CELAC se apropie del caso en un esfuerzo de contrabalanceo ante EEUU en temas de descolonización en las Américas.

Las fuerzas profundas de la autodeterminación que emergen desde Puerto Rico, desde su institucionalidad, desde sus fuerzas sociales, desde sus expresiones culturales, han sido la clave de este resurgir del tema a nivel continental en el siglo XXI. Las relaciones externas del Departamento de Estado, la diplomacia independentista y soberanista, la diplomacia de Eduardo Lao y Calle 13, son todas señales que los países de la región están captando y traduciendo en política exterior de bloque como actor internacional.

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[1] “CAROL VIVIANA ARCE ECHEVERRÍA (Costa Rica), speaking for CELAC, said the Latin American and Caribbean character of Puerto Rico was highlighted in January at the organization’s summit in Havana.  The Community was committed to working in the context of international law, particularly resolution 1514 (XV), to free the region from colonialism.” Ver: SPECIAL COMMITTEE ON DECOLONIZATION APPROVES TEXT SUPPORTING PUERTO RICO’S ‘INALIENABLE RIGHT TO

http://www.elpostantillano.com/revista-dominical/331-agenda-caribena/10836-julio-a-ortiz-luquis.html#sthash.WjVomO6P.dpuf

 

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