Roque Dalton: Poeta asesinado. Tales of a killed poet. El curriculum de un asesino / of a killer.

RoqueIt is from a dung heap like this that the unaffected figure of a Revolutionary poet emerges, and makes more glorious still, the name of Roque Dalton. De ese estercolero, surge incólume la figura del poeta revolucionario. Un añadido más para la gloria de Roque Dalton. By Guillermo Rodríguez Rivera, Aporrea. Marzo 8, 2014. (English version bellow)

El curriculum de un asesino

 La revolución salvadoreña, la del pulgarcito centroamericano, experimentó toda clase de conflictos que hicieron que fuera extremadamente difícil que ese proceso consiguiera el éxito que inmediatamente antes había conseguido la revolución sandinista de Nicaragua. El imperialismo aprendió la lección, e iba a hacer todo lo posible para que no emergiera otra revolución en Centroamérica.

Mientras los sandinistas tuvieron la suerte de encontrar al demócrata y humanista James Carter en la presidencia norteamericana, a los salvadoreños les correspondió la desventura de topar con uno de los pilares de la reacción contemporánea, el inefable actor hollywoodense que fue Ronald Reagan.

Reagan fue, en pareja con la Iron Lady, Margaret Thatcher, un patrocinador del neoliberalismo que, en los tiempos que corren, no solo reduce al hambre a los países más pobres, sino que está quebrando los fundamentos mismos del estado de bienestar del que tanto presumía Europa Occidental.



Se recuerda el brutal asesinato de la comandante Ana María, y el posterior suicidio de Marcial, directamente implicado en el crimen.

La causa del pueblo salvadoreño había arraigado con tal fuerza desde los tiempos de Farabundo Martí, que sobrevivió a estos bárbaros desmanes capaces de sacar de quicio cualquier proceso histórico.

En 1975 conocimos, consternados, la inesperada, absurda noticia de la muerte del amigo, poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton, “ejecutado” –decían– por la jefatura del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) al que pertenecía, nada menos que por traidor y agente de la CIA.

Pese a que el convulso panorama político de aquel país hacía posible esa explicación, quienes conocimos de cerca a Roque no podíamos aceptarla. No podíamos creer que el autor de Taberna y otros lugares, del impresionante testimonio biográfico sobre Miguel Mármol, el poeta varias veces encarcelado, el amigo de Cuba, fuera un traidor a todo lo que vivió y escribió.

El tiempo fue despejando las incógnitas: se conocieron las discrepancias ideológicas y políticas de Roque con la cúpula que regenteaba el ERP. Los propios “ejecutores” de Roque hablaban de haber cometido un error, porque no querían hacerse moralmente responsables de la muerte de Roque. No revelaban donde quedaron los restos del poeta –el mejor que haya tenido El Salvador–, a quien su país y su familia querían rendirle el homenaje que merecía. La supuesta “ejecución” iba revelándose, cada vez más, como un imperdonable asesinato.

Joaquín Villalobos, el traidor



Empezó a saberse que eran varios los ejecutores materiales del crimen que había tenido, además como autor intelectual, al mismo jefe del ERP, el llamado comandante Joaquín Villalobos.

Cuando llega el proceso de pacificación a El Salvador, y se desmontan las guerrillas izquierdistas, varios de sus jefes pasan a la lucha política pacífica, integrando el Frente Farabundo Martí que entonces participaría en las contiendas electorales, desde posiciones revolucionarias.

El caso de Villalobos era diferente, muy diferente. Desmontó el Ejército Revolucionario del Pueblo y pasó a una misteriosa vida apolítica. Tuvo la oportunidad de ocupar una cátedra en la prestigiosa universidad inglesa de Oxford, ignoro a partir de cuáles méritos académicos. Pero a poco volvía a América Latina, escribía para el diario español El País y se convertía en asesor político de ¡¡Álvaro Uribe!!. Como última noticia –para redondear el currículum del asesino en jefe–, ha escrito hace muy poco un artículo que titula, pragmáticamente, ¿Cómo enfrentarse al chavismo? (*)

Lo que allí dice es lo de menos, pero el propósito del libelo responde una pregunta –no la muy compleja de cómo derrotar al pueblo venezolano– sino otra que nos hemos hecho muchos amigos de Roque Dalton: ¿cuál fue la verdadera causa de su asesinato?

Creo que está muy claro que Villalobos, el guerrillero jefe del ERP, el asesino de Roque, ha sido desde el primer momento un agente de la CIA, un ejecutor de claros y ambiciosos proyectos del imperialismo.

Este supuesto “hombre de izquierda”, tan de izquierda como para considerar traidor a Roque Dalton porque “llevaba una vida bohemia, escribía poesía y amaba la Revolución Cubana”, fue asesor de Álvaro Uribe, el más fiel servidor que, en los últimos tiempos, han tenido los Estados Unidos en América Latina; colabora en un diario que ha girado enteramente a la derecha, pero el asesinato de Roque Dalton fue su máxima colaboración con la CIA.

Como el cubano-americano Félix Rodríguez llevó a Bolivia la orden enviada por la Agencia de asesinar a Ernesto Che Guevara, Villalobos cumplió la tarea de asesinar al poeta, al brillante intelectual, al revolucionario que podía ser decisivo en la toma del poder en El Salvador.

Villalobos ha ido, poco a poco, develando su infamia.

Ahora sabemos sin lugar a duda, dónde estaba la traición. Quién, con el asesinato del poeta, estaba sirviendo a la pura contrarrevolución en América Latina.

De ese estercolero, surge incólume la figura del poeta revolucionario. Un añadido más para la gloria de Roque Dalton.

A Killer’s Curriculum

By Guillermo Rodríguez Rivera.Aporrea. March 8, 2014. Translation thanks to Sean Joseph Clancy

The Salvadorian revolution has been faced with a multitude of challenges, ensuring that it has been extraordinarily difficult for it to succeed in the way that its immediate predecessor, the Nicaraguan Sandinista Revolution, did previously.

Imperialism had been taught a lesson and it was going to do everything within its power to ensure that another revolution would not triumph in Central America.

Whilst the Sandinistas were fortunate to have found the humane Democratic Party U.S President Jimmy Carter in the White House their El Salvadorean counter-parts had the misfortune to collide with one of that eras reactionary stalwarts: the former Hollywood actor, Ronald Reagan.

In partnership with Margaret Thatcher, the Iron Lady, it was Reagan, who was the promoter of a neo-liberalism that has today not only reduced the poorest nations to starvation but is also shaking the very foundations of a quality of life that Western Europe has taken for granted.

The brutal murder of Commander Ana Maria and the subsequent suicide of Marcial who was directly implicated in the crime come to mind. The cause of the Salvadorian people had strongly taken root during the times of Farabundo Marti, a survivor of the cruel brutes who have the potential to interrupt any historical process.

We were appalled when in 1975 we received the totally unexpected and absurd news of our Salvadorian revolutionary friend, the poet Roque Dalton – who it was claimed had been “executed” by the leadership of the Peoples Revolutionary Army (ERP for its Spanish initials) to which he belonged for alleged treason and for being a CIA agent.

Even though such an explanation may have seemed plausible because of the highly unstable political landscape in the country at the time, those of us who were close to Roque could never accept it. We could never believe that the author “The Tavern and Other Places”, the impressive biography of Miguel Marmol, the poet and friend of Cuba who had been imprisoned numerous times could betray everything he had written and lived for.

With the passage of time previously unknown facts became clear: the existence of ideological and political differences between Roque and the upper echelons of the ERP. The same “executors” of Roque spoke of having made a mistake because they were unwilling to be held morally responsible for his death. They would not reveal the whereabouts of the remains of the finest poet El Salvador ever had so that his family and his country could pay him the tribute they wished to. It was becoming ever more obvious that the supposed “execution” was in fact an unforgivable murder.

Joaquín Villalobos, the traitor

It emerged that,  in addition to the ERP chief, Commander Joaquin Villalobos who was responsible for planning the execution, there were numerous other participants in the execution.

When a peace process commenced in El Salvador and the leftist guerrilla movements disbanded many of the leaders converted to unarmed political struggle and joined the Frente Farabundo Marti which contested elections on a revolutionary platform.

The case of Villalobos though, was very different indeed. Having disbanded the ERP he began a mysterious apolitical life. He was presented with the opportunity of a seat at the prestigious English Oxford University without due regard to his academic suitability. However he was soon to return to Latin America and to write for the Spanish El Pais newspaper and become a political advisor to none other than Alvaro Uribe! As if to highlight that this qualified assassin in chief had turned full circle, he recently penned an article that is very pragmatically titled “How to confront Chavism”.

That actually teaches us very little of substance except to prompt the raising of the possibly libellous question, not as complex as that of how to defeat the Venezuelan people, but one nonetheless that many of Roque Dalton’s friends have raised: Why was he really murdered?

It seems patently clear to me that Villalobos, the chief guerrilla of the ERP and Roque’s killer was, from the very outset, a CIA agent clearly charged with the task of carrying out imperialisms ambitious plans.

This so called “man of the left” — so much so as to consider Roque Dalton a traitor because he lived a Bohemian lifestyle, wrote poetry and loved the Cuban Revolution — was advisor to Alvaro Uribe, the US´s most loyal servant in Latin America in recent times, and collaborated with a newspaper that a singularly right-wing viewpoint but undoubtedly the watermark of his true identity is his association with the CIA in the murder of Roque Dalton.

In the same way that Felix Rodriguez, a Cuban–American, brought the order to kill Che Guevara to Bolivia Villalobos, undertook the assassination of the poet, the brilliant intellectual, the revolutionary who might have been the deciding factor in the taking of political power in El Salvador.

Little by little the infamy of Villalobos is unfolding.

We now know, without a shadow of a doubt, where the true betrayal lay. Who it was, that by murdering a poet was in the service of pure counter–revolutionary interests within Latin America.

It is from a dung heap like this that the unaffected figure of a Revolutionary poet emerges, and makes more glorious still, the name of Roque Dalton.

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