Aunque todo lo dicho no sea cierto, todo lo cierto no está dicho.

While not all that is said is true, not all that is truth is told.

Marc Anthony debe dejar de agitar su certificado de nacimiento y confrontar el verdadero problema.

Screen-Shot

Si continuamos eludiendo la tan necesaria conversación nacional sobre el racismo, nunca seremos capaces de cantar la canción de una sociedad libre de racismo. Por Fernando Andres Torres. LatinOPen. Julio 21. 2013

Después que el famoso cantante Marc Anthony cantó Dios Bendiga America, God Bless America, en el juego mas importante de la Liga Nacional De Beisbol, el martes 16 de julio, el sitio publicshaming.tumblr.com publicó una serie de mensajes racistas de algunos aficionados. Los viciosos ataques, en Twitter, contenían epítetos racistas que no vale la pena reproducir aquí.

Horas después, a la pregunta de una periodista, Anthony respondió que era estadounidense por que había nacido en Nueva York. El jueves 18 de julio, Anthony dijo en el programa de televisión Kelly y Michael en Vivo, que necesitaba “dejar las cosas claras. Nací y crecí en los Estados Unidos … y me siento más puertorriqueño que nunca y más neoyorquino que nunca”. Sorprendentemente, la conductora Kelly Ripa con la boca abierta de sorpresa exclamó: ” ¿Es eso cierto? ¡Me estás tomando el pelo! Aquí (en el canal) vivimos en un agujero! No hemos oído eso todavía. Pero estoy segura de que dentro de tres meses lo vamos a oír”.

Más preocupante que la reacción de Ripa – que obviamente no había leído la biografía de su invitado – fueron los comentarios de algunos medios de comunicación corporativos sugeriendo que el hecho: Anthony cantando el tema, había creado la polémica, nombrando los comentarios racistas como “críticas” de los aficionados.

Anthony es una figura muy querida por la comunidad latina y probablemente no está acostumbrado a enfrentar este tipo de ataques – después de todo él es un cantante, no un activista. Como muchos de nosotros lo hubiesemos hecho, la reacción natural de Anthony fue corregir a sus atacantes, de defenderse probando su nacionalidad; “Soy tan estadounidense como el pastel de manzana”, dijo.

Pero, ¿qué pasaría con algunos de nosotros que no hemos nacido en los Estados Unidos?

Parafraseando a Roosevelt, la fama viene con una gran responsabilidad. Anthony debe entender que el problema no se trata de tener una especie de “permiso” para representar o cantar los símbolos de este país. Esto es simple y puro racismo y en vez de “disculparse” enarbolando su certificado de nacimiento, Anthony debería dar un paso adelante llamando al racismo por su nombre y denunciarlo.

Si continuamos eludiendo la tan necesaria conversación nacional sobre el racismo, negándolo, nunca seremos capaces de cantar la canción de una sociedad libre de racismo, nunca seremos capaces de crear las herramientas para enfrentar el problema que parece estar muy vivo en nuestra sociedad. A pesar de todo, Anthony tiene millones de admiradores, jóvenes latinos que lo emulan, lo respetan, lo observan y aprenden de él bailando a su ritmo.

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